El gobierno japonés capturó, no sin cierta
resistencia, una corbeta ligera de extraño origen y dudosa procedencia en
julio; el otro navío que la acompañaba logró escapar. Esto era consistente con
ciertos reportes de pescadores locales que señalaban barcos largos y
estilizados, de una marina desconocida, incursionando al norte de Japón.
Reportes preliminares de Inteligencia confirmaron lo que ya se sospechaba: el
navío capturado era antártico. A Finales de julio, la Batlefleet Bushido estuvo
reacondicionada y lista; con los primeros días de agosto zarparon.
En azul, el probable derrotero de los antárticos, en rojo, los japoneses.
Navegaron hacia la última posición conocida, y continuaron aún más hacia el este. Con algo de dificultad atravesaron el estrecho espacio entre dos grandes islas no cartografiadas y al salir, se encontraron con la flota de guerra de Wuemul, un temido comandante de las fuerzas Antártidas. Estos llegaron desde el norte. Quizás tuvieran una base secreta en las cercanías. En cualquier caso, con el amanecer, los telégrafos inalámbricos japoneses empezaron a transmitir furiosamente con Comando de Flota; en pocos minutos la misión era clara: había que reducir la flota antártica al menos hasta la mitad de su potencial, incluyendo todos los vehículos medianos. Esto quebraría sus espaldas (misión: BREAK THEIR BACKS) y los mantendría en puerto al menos hasta que más refuerzos japoneses estén disponibles y lleguen a la zona.
El despliegue
Alguna serpiente marina fue avistada en el teatro de operaciones.
Las temibles fuerzas antárticas.
Los Antárticos vinieron bien preparados.
Poseían dos portaaviones cargados con esos extraños drones descartables;
algunos navíos pequeños y un acorazado que podía sumergirse para evitar el
fuego enemigo.
Los drones antárticos serian la pesadilla de los japoneses.
La Battlefleet Bushido por su parte se
presentó con dos portaaviones y un Dreadnought de bolsillo, pocas naves
medianas y un nutrido convoy de naves de pequeño calado, agrupadas en unidades
de combate.
Para mediodía, ambas flotas se encontraron
entre un terreno de islas. Los antárticos comenzaron abriendo fuego de artillería
en el flanco derecho e incluso hundiendo una corbeta ligera clase Fujin, que
estalló tras un disparo certero. La unidad rápidamente se desmoralizó. El
comandante Antártico sonrió complacido; los japoneses avanzaron cautelosos.
La aviación nipona despegó de los
portaaviones en varias oleadas; pero los drones antárticos fueron
inmisericordes: oleada tras oleada los derribaron antes de caer al mar. Los
ingenieros antárticos reemplazaban los drones gastados a un ritmo alarmante
mientras que los japoneses caídos ya no volvían a la batalla. Pronto quedó
claro que el control aéreo estaba en manos de los antárticos.
Los portaaviones se separaron: el Samurai
tomó hacia el flanco derecho, mientras que el Sakaguchi se unía al navío de
mando Kirishima en el flanco izquierdo. La batalla movilizó furiosamente a
ambos ejércitos; con suertes desiguales.
Corbetas japonesas intentan cañonear un portaaviones antártico. No lo lograrían.
Finalmente el flanco derecho fue barrido de
japoneses y los antárticos se consolidaron allí; incluso el portaaviones
Samurai fue hundido, no sin antes lanzar la última oleada de bombarderos en
picado que atacó el navío insignia enemigo causando estragos en todas sus
cubiertas. Sin embargo, por la tarde fue claro que el flanco izquierdo caía en
poder antártico.
El portaaviones Samurai, herido de muerte.
La ultima oleada de bombarderos del portaaviones Samurai, intentando hundir un buque antártico.
Las fuerzas japonesas restantes organizaron
un golpe por el flanco izquierdo, aprovechando la geografía del lugar; así,
lograron cañonear dos voladores enemigos que cayeron envueltos en llamas, y
luego tomaron por sorpresa uno de los portaaviones antárticos; la artillería
nipona no se hizo esperar y pronto el enorme navío antártico se hundió con toda
su tripulación; los cañones del Kirishima vomitaron fuego y venganza.
Los japoneses rodearon un islote y capturaron en una brava maniobra el flanco izquierdo, inclinando para su lado la balanza del combate.
El buque insignia antártico, ya herido y
con los escudos destrozados, fue alcanzado de improvisto por el Kirishima y un
cañonazo afortunado hizo estallar sus mecanismos internos, haciéndolo volar por
los aires. Al caer la tarde ambas flotas se retiraban, habiendo cumplido la
flota japonesa sus objetivos.
El final del combate, favorable al Imperio del Sol Naciente.
Ficha Técnica
Contendientes
Krax (Japoneses)
Wuemul (Antarticos)
Tamaño de los ejércitos
1000 puntos
Fecha
Junio 2015
Resultado
Victoria favorable a los Japoneses


